la obra

Hace mucho, en el año…-no me acuerdo en qué año-, me fui de
vacaciones al glaciar Perito Moreno. Pero nunca llegué.

Iba con un ex novio y una extranjera amiga de él. Se nos rompió
el auto el primer día de viaje, justo llegando a Viedma. Decidimos
quedarnos a pasar la noche en un camping que aparecía en la guía
del automóvil club, en el balneario “El Cóndor”, a 30kms de Viedma.
Lo que se suponía que era un lugar transitorio hasta que siguiéramos
viaje se transformó en el destino final de las vacaciones.

Tengo dos recuerdos del viaje: el humo que salía del auto cuando
cruzábamos el puente Viedma-Carmen de Patagones, y el primer
piso de una heladería desierta con una pared de vidrio, del otro lado:
acantilados y el mar. Yo ahí sentada, leyendo La música del azar,
de Paul Auster. Recuerdo pensar que era raro estar en esa situación
leyendo una novela sobre unos personajes que interrumpen un viaje
eterno en auto para quedar encerrados en un lugar en medio de la
nada.

Hay un álbum de ese viaje, reconozco algunas personas, algunos
lugares, pero no las situaciones. Me veo a mí haciendo cosas que no
recuerdo haber hecho. Es rarísimo, como si yo fuera otra a la que le
sacaron fotos.

“El Cóndor” es un homenaje a Auster, a los que cuentan historias, y
una manera de tratar de entender qué pasó ese verano. O tal vez no,
tal vez es todo un invento.

Mariana Levy